El canon de belleza es el conjunto de aquellas características que una sociedad considera hermoso o atractivo, sea en una persona u objeto. Es históricamente variable y no es común a las diferentes culturas. Pero se cumple en todas ellas. ¿Por qué?

El deseo, el anhelo por la perfección, por lo establecido como ideal se repite desde tiempos inmemorables. Siempre ha habido una búsqueda por lo inalcanzable y la belleza estaba relacionada con la deidad, un atributo propio de los dioses.

Después se estableció como un canon social y Hollywood ha colaborado en la creación del prototipo de mujer de cada momento. En cada década ha surgido una nueva musa que ha marcado el ideal y modelo a seguir implantándose como el nuevo icono. Un canon de belleza que sirve para poder triunfar, prosperar, mejorar en el estatus y así conseguir todos los sueños.

Una eterna búsqueda de la aceptación para la felicidad. ¿Pero es este realmente el orden? ¿No debería ser primero la felicidad de la persona lo anhelado? Si uno es feliz, si la persona se siente a gusto consigo mismo, no tendrá problemas para ser aceptado socialmente. E incluso no sería una de sus prioridades la tan ansiada aceptación social.

Muchos de los ejemplos ya comentados en el trabajo reflejan los sacrificios realizados por la búsqueda de la perfección, tanto sociales como físicos. Como ya se desarrolla en el plano teórico, las personas que no alcanzaban los cánones establecidos terminaban con patologías alimenticias y la película El diablo viste de Prada puede ser un ejemplo de ello.

Los productos analizados anteriormente nos conducen a una pregunta. ¿Son realmente una crítica a la esclavitud de la belleza o contrariamente la ensalzan? Serán pocos los que no deseen vestirse como las protagonistas de Runway o Boulevard 21, muchas querrán conquistar al chico malo del colegio aunque pierdan su esencia real durante el cambio. Son pocas las que se resisten a perder su verdadera personalidad.

Aunque cada vez son más numerosas las que se rebelan ante esta presión social, no tienen suficiente eco mediático. Alicia Keys ha decidido dejar de maquillarse y con ello ha suscitado una polémica en la que muchos de sus seguidores la critican; Julia Roberts renunció a subir los escalones del festival de Cannes con los tacones puestos, para así reivindicar el derecho de las mujeres a no llevar esos zapatos infernales. Pero aún hay mucho camino por recorrer.

No obstante, no todas las polémicas buscan únicamente la censura. En diversas redes sociales se ha denunciado que en pleno siglo XXI, Estados Unidos haya censurado la publicidad de tallas grandes en dos de sus canales televisivos. Pero si indagamos un poco, sale a relucir que detrás de esa prohibición existe un preocupación por la obesidad que tanto alarma en la actualidad.

Como contrapunto, Londres ha recogido una solicitud para eliminar la publicidad que fomenta la delgadez de los espacios públicos. Con esta iniciativa quieren animar a las mujeres a aceptarse tal y como son.

Todo este conflicto surge cuando perdemos la perspectiva de lo que realmente es la belleza. Si para alcanzar ese ideal debemos deteriorar o perder nuestra salud, esos esfuerzos estarán mal encaminados. El canon de belleza no es sino un conjunto de características, nunca ha sido una norma o dogma. Eso lo hemos convertido nosotros.

El debate es complicado, aún más si añadimos las diferencias culturales. No existe una belleza única, no existe un único canon de belleza. Hay múltiples maneras de comprenderlo y aceptarlo, múltiples maneras de alcanzar esa felicidad. Por ello, finalmente, recordaremos las palabras de Simone de Beauvoir “La belleza es aún más difícil de explicar que la felicidad”.

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