Analizando todo lo dicho anteriormente, hoy en día, las manifestaciones artísticas de la estética corporal son constantes en el cine, en el mundo de la canción y de la moda, en los presentadores/as de TV, en los anuncios de productos light, cosméticos, dietas, cirugía estética, etc. Como dice Gervilla (2003:188): “Cultura hoy vivida con tal intensidad que se convierte, para muchos, en un verdadero sujeto y objeto de culto.”

De la mano del nuevo milenio, vino la delgadez extrema. Rivera (2013:s.p.) afirma que llegó “[…] una nueva generación de modelos esqueléticas (empujadas por las grandes firmas y diseñadores de moda) plantando un canon de belleza femenina demencial e insano”.

Tal como dice Rivas (2015), la industria de la moda, presenta como ejemplo a seguir las mujeres extremadamente delgadas, como ideal de belleza para personas de diferente edad, talla, raza… Y con esto, se puede deducir que el noventa por ciento de la población femenina no cumple con los estándares de belleza.

Muchas modelos han expresado a través de sus redes sociales los sacrificios que deben hacer para alcanzar las medidas exigidas para el desfile: restricción de alimentos y líquidos, entrenamiento excesivo, ayunos… Rivas menciona un caso que llamó la atención y fue el de la modelo Adriana Lima, que en una entrevista reconoció que nueve días antes del desfile no ingería alimentos sólidos y que  en las doce horas previas nada de líquido para evitar la retención e hinchazón del vientre.

Siguiendo con esto, Agudo (2007) cuenta que las modelos de pasarela suelen ser más altas, delgadas y con los rasgos más definidos que una de fotografía. Puesto que, con una modelo de fotografía suelen utilizarse luces, maquillaje, el correcto ángulo de la cámara (haciendo que la modelo se vea más alta, delgada…) y el Photoshop (aunque el uso excesivo de este último lo analizaremos más adelante).

Por este movimiento de delgadez, según Erausquin (2014), muchas mujeres aspiran a ser cada vez más delgadas, y con ello ha llegado la patología del culto al cuerpo, incluso a golpe de bisturí.

Volviendo con Agudo, las características ideales para la mujer del siglo XXI son éstas: una figura esbelta de altura superior a la media, con apariencia deportiva sin excesivos músculos, piel tersa y bronceada, ojos grandes y nariz pequeña, boca grande y labios gruesos, medidas publicitarias (90-60-90), senos firmes y simétricos, pelo largo (pero a partir de los 50 el corto también está permitido), piernas largas y torneadas, vientre liso, pero sobre todo, tener menos de treinta años.

Si buscamos ejemplos de la mujer de hoy en día, está Kate Moss, que fue una auténtica musa e inspiración para muchos diseñadores; aunque, Cara Delevingne está considerada ahora su sucesora. Actrices como Keira Knightley o Natalie Portman también presumen de delgadez y de un cuerpo ausente de curvas. Aguado dice que las que marcan está época son modelos como Heidi Klum o Gisele Bundchen y otras más jóvenes, como Adriana Lima o Miranda Kerr.

Sin embargo, frente a este tipo de mujer, aparece una nueva tendencia que reivindica las curvas con mujeres como Jennifer Lopez, Beyonce o Scarlett Johansson que también se sitúan como ejemplo a seguir.

La sociedad actual manifiesta un claro culto a la belleza del cuerpo porque condiciona y determina el placer, el éxito, amistades, sexo, etc. Gervilla dice que: “hoy quienes gozan de buena presencia poseen, y solo por ello, mayores posibilidades laborales, de relaciones humano-afectivas y de aceptación social.” (2003, p.188)

La presión social a la que estamos sometidos, hace que tener un físico agradable se haya convertido en una “obligación”, pues ello supone prestigio, seguridad y superioridad, aunque, a veces, se alcance a costa del sacrificio de otros valores más humanos. Somos voraces consumidores del cuerpo delgado, joven y sensual. Pero no se trata del cuerpo en su totalidad, sino de su apariencia física, silueta, talla, color,… tal como exhiben los modelos encarnados en la personas sobrevaloradas socialmente: actores y actrices, deportistas, presentadores/as de TV, top-models, etc.

“Vivimos en una época tan sensual que solo los cuerpos guapos son válidos para vender coches, detergentes, viviendas, productos alimenticios, etc. Hoy más que nunca, una imagen vende más que mil palabras. La ética ha cedido su valor, en buena parte, a la estética, y lo justo al gusto.” (Gervilla, 2003:189)

Para conseguir ese cuerpo guapo y sensual, la publicidad utiliza técnicas de perfección tales como el Photoshop. Aunque hoy en día es habitual oir hablar de los efectos devastadores del Photoshop en las fotografías. Incluso existen páginas web que muestran fotos de cuerpos que han sido mutilados por este programa. BolloSapiens (2013) muestra algunasimágenes que reflejan estas mutilaciones, por ejemplo, el catálogo online de la tienda Ann Taylor’s, de Agosto del 2010, en el que las caderas, muslos y cintura de la modelo de la portada se reducen a límites insospechables.

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También hay casos en los que las mismas protagonistas denuncian y hacen saber en diferentes redes sociales su malestar ante el retoque de sus fotografías sin su consentimiento. Tales como, Inma Cuesta y Kate Winslet.

Se plantea la obligación de tener un físico agradable y perfecto, convirtiéndose para muchas personas en una obsesión por el cuerpo ideal. Según Rivas (2015), ese deseo de perfección, desemboca en problemas de autoestima producidos por la no aceptación de nuestro cuerpo, generando trastornos de la conducta alimentaria (TCA), entre ellos, graves enfermedades como la anorexia y la bulimia. “Es como si, aceptando la presión social, todos nos hayamos llegado a convencer de que somos deformes, hipertróficos, dilatados” (Toro, 1996:140)

En contra de esa obligación, Michelle Jenner publicó hace unos meses en su cuenta de Instagram un mensaje que habla sobre la Mujer Imperfecta.

Pero poco a poco, algo está cambiando en la industria de la moda: modelos plus size, bellezas atípicas, modelos cuyo género no importa…han pasado de ser un fenómeno de las redes sociales a una realidad que está cambiando el canon de belleza (Serrano, 2015).

Siguiendo con Serrano, como muestra de esta transformación plantea diferentes ejemplos:

  • Madeline Stuart. El síndrome de Down no le ha impedido alcanzar su sueño. Apoyada por su madre, con 18 años acaba de firmar su primer contrato como modelo y protagoniza la nueva campaña publicitaria de una marca de bolsos estadounidense.
  • Winnie Harlow y su belleza (IM)perfecta. Es la primera modelo de la historia con un muy visible vitíligo (trastorno degenerativo de la piel). A pesar de ello, no solo no le ha faltado trabajo sino que hoy en día es mundialmente conocida en el mundo de la moda.
  • Lara Ston y Candice Huffine. Las dos con su talla plus size, demuestran que la naturalidad es mucho más sexy.
  • Andreja Pejic. La modelo transexual que en 2014 revolucionó el mundo de la moda.

“Comenzamos a comprobar cómo conviven todas las tendencias y todas las mujeres: la modelo ‘habitual’ de las pasarelas, los nuevos rostros que se salen de la norma y las mujeres que, antes de ser modelos, son embajadoras de la diversidad. Una diversidad que abraza la perfecta imperfección y la ruptura con los prototipos de belleza heredados.” (Serrano, 2015:s.p.)

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